Columnas

Walter Becker, un hipster subversivo

We thought superimposing jazz harmonies on pop songs was subversive”, Walter Becker, The Times, 1993.

Este último 3 de septiembre de 2017, Walter Becker, socio-fundador junto a Donald Fagen de Steely Dan, abandonó el barco para siempre, dejándonos a los 67 años una auténtica colección de canciones que bordean la perfección enfermiza, aún con espacios para la improvisación inesperada. En el medio, atravesó aguas turbias y maremotos intensos: Desde finales de los setentas a mediados de los ochentas su fuerte adicción a la heroína lo ahogó en faceta creativa, hasta que decidió salir a flote para respirar un poco de aire y tomar impulso.

Más allá de las idas y vueltas, el legado que dejará Becker tras su vital participación en Steely Dan sólo podrá ser opacado por la personalidad de Fagen (un tipo más absorbente y capaz de manejar a su antojo los hilos de la banda). Sin embargo, el juego figura-fondo de esta rara simbiosis musical neoyorquina no podría haber funcionado de otra manera. Desde las sombras, en el bajo o en la guitarra, Becker orquestó el maremágnum creativo de Fagen, acomodando ciertas piezas para que el engranaje no se trabe en el momento justo; si esto hubiera sido un partido de fútbol, podríamos decir que el bueno de Donald asumió el rol de un DT loco de la táctica para que Walter (más diez sesionistas más, digamos), lo ejecute a su imagen y semejanza en el campo de juego, ajustándose en mayor o menor medida al libreto. Porque claro, como bien dice la frase que antecede a esta nota, ninguno de los dos se conformó con las estructuras prediseñadas y pretendió, con su criterio, romper esquemas, subvirtiendo el orden natural de las armonías y ritmos que mamaron de jóvenes. 

De esa simbosis rara (la primera simbiosis hipster cool que se recuerde como tal en la música) quedará en relieve la química de elementos dispuesta en su justa medida. En materia de cultura artística, sería casi indistinto si Walter se apellidara Fagen o si hoy estaríamos honrando la memoria de un tal Donald Becker.Dirá, justamente, su coequiper en la carta-tributo que publicó en las últimas horas: “We liked a lot of the same things: jazz (from the twenties through the mid-sixties), W.C. Fields, the Marx Brothers, science fiction, Nabokov, Kurt Vonnegut, Thomas Berger, and Robert Altman films come to mind. Also soul music and Chicago blues”. Y el camino de esas lecturas que recibieron y reinterpretaron su manera no se agota en esta delicada lista de nombres elegida de manera sesuda. Por el contrario, sorprende (y de forma saludable), que la continuidad de esas (re) interpretaciones esté presente en el día a día, con el dueto de New York como pilar indiscutible.

walter becker

Los cameos de Steely Dan en la cultura popular se extienden desde el reconocimiento desplegado por Fito Páez (Hoy se fue Walter Becker...una pieza única de la música popular de los EEUU....corriendo a escuchar Steely Dan terrícolas!, escribió en su cuenta de Twitter oficial) hasta el robo de guante blanco de Kanye West en Champion, donde samplea un extracto de Kid Charlemagne (The Royal Scam, 1976). Ni hablar de la bajada de línea sudamericana de Ed Motta (AOR, 2013) o de Luis Alberto Spinetta paraencarar álbumes de Spinetta Jade como Bajo Belgrano (1983), con Vas a iluminar la casa o Ping Pong como detalles salientes. E incluso, si hilamos más fino y prestamos atención, el ringtone de Templeton Face Peck -interpretado por Bradley Cooper en la olvidable versión cinematográfica deThe A-Team, del año 2010- es nada más ni nada menos que Reelin´ in the years (Can´t Buy a Thrill, 1972). De ahí la grandeza de Steely Dan para llegar a todos lados y, por inercia, la terrible influencia de Becker yFagen en la actualidad.

También quedará, para aquellos estudiosos en la materia, revisar de nuevo el papel de Becker como productor de Rickie Lee Jones o los poco valorados new romantics de China Crisis;su regreso a las pistas con Fagen para retomar distintos proyectos, como el retorno de Steely Dan; o sus dos discos solistas oficiales, 11 Tracks of Whack (1994) y Circus Money (2008), que lo mantuvieron en órbita hasta el fin de sus días. Pero eso seguramente será objeto de análisis en otra ocasión. Por el momento, quedémonos con la idea de que, junto con su aliado musical, pudo forjar una aleación más dura que el acero y que, por su composición -perfecta, pero a su vez imprevisible en todos los sentidos de la palabra-, tardará en oxidarse.