Discos

Jack White - Acoustic Recordings 1998-2016 (2016)

Desde “Sugar Never Tasted So Good” a “Want and Able”, canciones que abren y cierran respectivamente el Acoustic Recordings de Jack White, hay 18 años de distancia. En la primera tenía apenas 23 años, en la última 41. Durante ese lapso de tiempo, el guitarrista y cantante construyó una sólida carrera y se convirtió en uno de los músicos de rock más importantes y respetados del mundo. Durante ese tiempo White también encontró otra profesión: la de ser un antropólogo de la música popular estadounidense.

Acoustic Recordings 1998-2016 es el primer compilado oficial de la carrera de White, e incluye temas de su época de los White Stripes, de The Raconteurs y solista, todos ordenados de forma cronológica. En tiempos en que los compilados están muertos (¿quién necesita compilados cuando tenemos playlists?), White armó el suyo propio, con una característica trasversal: son solo canciones acústicas. El gran creador de riffs eléctricos y vibrantes de nuestra era decidió repasar su carrera acústica.

¿Cómo se justifica este lanzamiento? Precisamente por su profesión de antropólogo de la música popular estadounidense. Él está lejos de ser un mero rockero. Es un artista entregado a la música. Ama la música y le dedica su vida a ella, no solo a la suya, sino a la Música en general, así con mayúscula. El trabajo que encara en su sello Third Man Records es un buen ejemplo, ya sea rescatando y reeditando joyas antiguas o instalando en la sede de la discográfica en Nashville la Record Booth, una cabina de 1947 para grabar un disco. Otro buen ejemplo es la serie documental que produjo, “The American Epic Trilogy”, en la que White y su equipo reconstruyen las historias de diversos músicos estadounidenses de clase popular (campesinos, afroamericanos, obreros, trabajadores rurales, pueblos originarios) que lograron grabar un disco en los años ’20.

Como antropólogo musical, a lo largo de las 26 canciones del Acoustic Recordings se puede apreciar a White en su mejor faceta de explorador. Con su caja de herramientas básicas, explora géneros, estilos, instrumentos, texturas. Explora referencias musicales y traza mapas de sonidos populares norteamericanos, como el country, el folk y el bluegrass. 

En este sentido, el disco bisagra de la carrera de White no es ni White Blood Cells (2001) ni Elephant (2003), sino Get Behind Me Satan (2005). Mientras que en los dos primeros logró un lugar de prestigio en la industria, subido a la nueva ola de garage rock de los años ‘2000, es en Satan donde White le demostró al mundo su elasticidad creativa por fuera de lo esperable: un disco en su mayoría acústico en el que explora la diversidad instrumental (piano, violín, xilofón, mandolina). Y esto siendo el álbum post “Seven Nation Army”.

Esta bisagra queda representada en el noveno track del Acoustic Recordings (y el primero del lado B del primer disco en la versión vinilo), cuando aparece la primera canción de la era Satan, “Forever for her (It’s Over for Me)”. Hasta ahí los temas que precedieron eran relativamente simples, White y su guitarra, con algún que otro acompañamiento. En aquel track, la obra pasa a otro plano, con el piano y la marimba refrescando el aire sonoro y él cantando con más sangre en la garganta.

A partir de ahí, los sonidos se complejizan y la instrumentación se ramifica. Por ello, a pesar de que el eje trasversal del álbum sea el sonido acústico, la profesión de antropólogo musical es lo que provoca que en ningún momento caiga en la monotonía. White pasa sin escalas de ser un piano man desgarrado en “Honey We Can’t Afford to Look this Cheap” a un rocanrolero de bar en “Effect and Cause”. En piezas como “You’ve Got Her In Your Pocket” y “City Lights” –canción de los White Stripes hasta ahora inédita- mira a Willie Nelson y demuestra su costado más sentimental con la expresión quebrada, mientras que ahí pegadito aparece “Well It’s True That We Love One Another” como si los Stripes fueran una versión moderna de The Family Carter.

En algunas versiones hay una energía work in progress. En “Just One Drink” se puede apreciar la materia prima con la que está construida la versión original, pero lejos de sonar incompleta, suena reformulada en estilo honky-tonk, con peso propio. Similar ocurre con “Machine Gun Silhouette”, “Hip (Eponymous) Poor Boy” y“I Guess I Should Go To Sleep”, cuyas remezclas acústicas dan la sensación de estar escuchando a White tocando en un viejo cabaret del sur de Estados Unidos. Las versiones de “Top Yourself” y “Carolina Drama”, ambas de The Raconteurs, suenan más frágiles que las mezclas finales de los discos, pero también más carnales y sacrificadas. Todos son ejemplos de cómo White puede prescindir de los instrumentos eléctricos, pero la tracción a sangre siempre está intacta.

El resultado final es un muestrario de la capacidad de Jack White para tomar esa enorme herencia histórica que él mismo se encarga de reconstruir, para luego apropiársela y devolverla a través de sus propias piezas de artesanía. Cada una de ellas construida con la nobleza de la madera.