Discos

Plants and Animals - Waltzed in from the Rumbling (2016)

Cuatro años después de The End of That, un disco que por momentos resultaba un collage de buenas ideas inconexas, Plants and Animals recupera el rumbo perdido con Waltzed in from the Rumbling, su cuarto larga duración. Sin llegar a ser un álbum conceptual, se percibe una unidad de criterio artístico que le aporta solidez. Esto, sumado a la sensibilidad con la que se crean climas a lo largo de las distintas canciones, configura lo que podría ser el mejor trabajo hasta la fecha de la banda de Montreal.

Editado bajo el sello independiente Secret City Records, Waltzed in from the Rumbling retoma la dirección seguida en La La Land, segundo trabajo de la banda, alcanzando esta vez un nuevo nivel de complejidad compositiva. Sorpresivos cambios de tiempo y melodía, arreglos de cuerdas y orquestaciones cinemáticas son algunos de los elementos que lo demuestran. Claro ejemplo de ello es “We Were One”, el track que abre el disco, que comienza con un piano clásico de teclas pulsadas con urgencia, para dar lugar de inmediato a una batería al frente, una guitarra eléctrica y la voz de Warren Spicer en clave Thom Yorke circa OK Computer. Pero unos repentinos giros en la canción, un bajo punteado y unos cellos de carácter épico permiten, entonces, sentir que se está frente algo simplemente genial.

Es posible trazar el arco argumental de una película, centrada en la historia de una pareja de amantes, si se consideran los tracks en el orden en que aparecen. Mientras en “We Were One” cuenta acerca del tiempo compartido juntos, y el optimismo se apodera de la situación al sonar “No Worries Gonna Find Us”, uno de los cortes del álbum. “Fata Morgana”, una pieza instrumental de características oníricas, remite a las expectativas creadas en torno a una relación que recién comienza y que, al igual que espejismos, se desvanecen cuando uno se acerca y observa con mayor detenimiento. En “Stay”, con ciertas reminiscencias de The Flaming Lips, uno de los amantes dice que si no lo abandona, todo puede cambiar, pero que, en definitiva, deberá buscar las respuestas en su corazón. Sin embargo, las distancias se acrecientan en “So Many Nights”, y es en “Flowers” donde el interlocutor llega a la conclusión maniquea de que finalmente estarán juntos o nunca volverán a estarlo.

Parte de su belleza radica en la sutileza con que ciertos detalles pueblan sus canciones, sin llegar a saturarlas, y que invita a escucharlas con auriculares para descubrirlos. Así, en “So Many Nights”, unas breves flautas que se interrumpen como si frenaran anticipan un final de crescendo orquestado beatlero con ciertos guiños a “She’s So Heavy”, y que sirve de enganche perfecto para la siguiente canción, “Flower”. En “Je Voulais Te Dire” (desde su primer LP, “Parc Avenue”, que no usaban un título en francés), unos arreglos de cuerda acompañan una dulce balada que, al cabo de tres minutos, se corta y se transforma en algo que recuerda al Radiohead de “Paranoid Android”, para luego retornar al formato inicial. Por su parte, “Off the Water” presenta una batería asincopada junto a una guitarra con reverb, que remite al post-punk de bandas como Television. En cambio, la marcada percusión de “All of the Time” acompañada por una vibración monocorde y amenazante crean la atmósfera ideal para el track oscuro de esta placa. Uno de los grandes momentos del álbum sucede con “Stay”, donde el rasguido constante de una guitarra limpia de distorsiones se apoya sobre un excelente diálogo entre bajo y batería, a la vez que las voces cantan “I don’t need to sing that song. Look inside your heart”. Podría pensarse que este mensaje, en realidad, va destinado al oyente porque, más allá de cualquier análisis racional, es en el corazón donde debe buscarse qué es lo que se siente al escuchar este disco.