Entrevistas

Full Chamba: el poder de la canción

Los Full Chamba son del futuro. Ellos pueden argumentar que, quizás, las cosas por nuestros lares llegan un poco tarde. Después de un prometedor primer EP editado en 2014, la banda cruzó esa “inmensidad” de la que hablan en “BLA”, el track fuertemente cargado de sintetizadores que arranca su debut Suav, para perder todas sus inhibiciones y convertirse en el híbrido que anhelan ser: un matrimonio excéntrico pero funcional entre Charly García y Frank Ocean, un R&B rioplantense que mueve al cuerpo a bailar.

La banda editó su primer material en 2014, cuando Alfonso Devoto le mostró a su hermano Pedro Devoto (guitarrista de Ese Perro) algunas maquetas de canciones que habían quedado sueltas después de la separación de su banda anterior. Pedro le sugirió hablar con el trío de la productora Damasco, por ese entonces un incipiente proyecto de Mauricio Tovar, Alejandro Crimi y Alejandro Zapiola. Con la ayuda de Rocco Aguado en teclados (Alfonso, efusivo, llama a Rocco el mejor tecladista de la Argentina) nació el primer EP, pero el entusiasmo de Alfonso se contagió también a Pedro, que se sumaría a la banda en baterías electrónicas, y más tarde, también a otro miembro de Ese Perro, Claudio Vázquez.

Para Suav, la banda completa inició un camino de deconstrucción y construcción, se transformaron en animales de estudio minuciosos. Viajaron al futuro. Para algunas canciones, contaron con las voces de Bruno Chattás, de Ese Perro, de Jimena López Chaplin, y hasta le dieron el crédito a Houellebecq por el cinismo presente en el tema que cierra el disco, “Una moneda”. En otras se pierden en paisajes futuristas y electrónicos construidos por Aguado, a tal punto que a la altura de “Bien al Sur”, creemos también que Rocco es el mejor tecladista del mundo. Tiene sentido que Alfonso también considere este tema como el más emblemático de la banda, el que retrata el proceso de deconstrucción y trabajo de estudio que tiene cada una de las canciones.

Este viernes 14 de octubre, la banda va a estar presentando Suav en Kirie Music Club (Bolívar 813, San Telmo) junto a La Nave de Oniro y Voltage Banda. Antes del show, y después de escuchar el disco, hablamos con Alfonso sobre el particular proceso creativo de Full Chamba, una banda que todavía tiene mucho hilo para cortar y que, actualmente, está barajando canciones para un disco de lados B.

¿Cómo arrancan con la banda?

Las canciones que forman parte del primer EP de la banda, que es del 2014, las tenía yo después del final de otra banda mía. Empecé a trabajarlas en casa, en una especie de proyecto solista en principio, o en realidad sin perspectiva de hacer nada con ellas. Junté un conjunto de canciones, entre las que estaban las seis canciones que terminaron al final en el EP. Se las mostré a mi hermano, Pedro, que es el actual batero de Full Chamba, y mi hermano, que también es guitarrista de Ese Perro, me dijo ‘che, estas canciones están muy buenas. ¿Por qué no se las mostrás a Mauri (Tovar)?’ Que es el batero de Ese Perro y productor en Damasco. Los chicos están arrancando a producir canciones, tienen ganas de poner una productora, tanto Mauri como Ale Crimi y Ale Zapiola. Con ese aliento de mi hermano, que siempre está bueno recibir de parte de un familiar pero aparte también de un músico groso que yo admiro, crucé la data con los chicos, le mostré las canciones a Mauricio Tovar, y él se re copó. Íbamos a trabajar las maquetas que yo ya había hecho, pero él me dijo ‘me gusta mucho la materia prima, las melodías de las canciones, el sentimiento que le pusiste, me gustaría que las desnudáramos y las empezáramos de cero’. Y ese es el germen de lo que terminó siendo Full Chamba, que en principio no se llamaba así. En realidad era algo que estaba haciendo yo por mi cuenta con la ayuda de gente amiga, allegada, y muy talentosa. A medida que empezaron a crecer las canciones en la preproducción, se empezaron a sumar los amigos. En primer lugar mi hermano, que es violero pero estaba muy copado con ganas de empezar a hacer de DJ, a disparar ritmos y a crearlos. Después se sumó Rocco, con el que yo ya toqué toda la vida, con Rocco fuimos compañeros de colegio, mejor dicho de mi hermano, lo conozco de la infancia. Es una cuestión muy familiar. Se empezó a sumar gente, se sumó Claudio también, diciendo ‘yo me compro un bajo, porque me encantan las canciones’. Fue eso, fue el poder de las canciones. El poder de las canciones sobre ese grupo de gente. Armamos una especie de, te diría, a Claudio le gusta decir que somos el megazord de Damasco, Full Chamba junta lo mejor de Ese Perro, lo mejor de 57 Elefantes, de los chicos de Damasco. Es como un supergrupo. Ese es el origen de la banda. Después cuando los chicos se entusiasmaron dijeron ‘nos queremos prender a tocar el disco en vivo’. En el primer EP tocamos Rocco y yo nada más, Rocco es el mejor tecladista del mundo, y después se sumaron los demás, alrededor de algo que ya estaba armado. Ese es el origen.

Me contabas sobre la grabación del disco, el primer EP grabado con Rocco, juntos. ¿Cómo fue el proceso de grabación del disco, de Suav?

Suaves parecido en algún punto, porque nosotros componemos en el estudio. Somos una banda que no tiene sala de ensayo. La sala de ensayo viene en un momento posterior al de la grabación y edición del material. El proceso creativo de la banda siempre es parecido. Arranco yo con la guitarra acústica, que es como, en general, nacen las canciones, y le muestro las canciones a Damasco. Me empiezo a juntar con ellos tres, y armamos el esqueleto de la canción alrededor de mi guitarra. Sacamos la guitarra acústica, construimos un ritmo alrededor de eso, y empezamos a reemplazar con teclados. Ahí es donde aparece Rocco siempre, el mejor tecladista del mundo, o por lo menos de esta ciudad. Empieza a reemplazar, a mejorar, con los teclados. Así nos empezamos a sumar todos alrededor de la materia prima, que son las canciones. El proceso creativo de Suav en algún punto es similar al del EP, que es el proceso de Full Chamba. A la vez es diferente porque fue más integral, somos una banda desde hace dos años, las canciones nacieron en un viaje que hicimos por Europa con Ese Perro, durante una gira por allá. Es casi Ese Perro sin Bruno, Ese Perro es una banda que tiene muchos años ya y de la que yo me robé a Rocco y a Pedro, y los productores del disco trabajan acá como músicos del disco. “Bien al Sur” tiene una voz muy hermosa de Bruno. Es casi como Ese Perro conmigo. El proceso creativo es muy integral porque nosotros somos muy amigos y a la vez los chicos se ven todo el tiempo. Es muy fina la línea entre productor y músico. Los chicos tocan, componen, los Damasco, y el proceso creativo es muy integral. Estamos todos funcionando como un supergrupo, aportando lo mejor de cada uno para las canciones. En general lo hacemos de esta manera.

Una sinergia, en un proceso normal de un disco “estándar” quizás no se ve tanto.

En general los discos que adoramos las hacen en el garage las canciones. Nosotros lo hacemos a la inversa, el garage viene después para darle vida a las canciones, a lo que craneamos en el estudio, y que muchas veces no sabemos bien para dónde va a terminar. Porque las canciones terminan de entenderse después del proceso de mezcla. Nosotros le damos una importancia vital a la mezcla y al master de las canciones, que son dos artes muy importantes en la música actual, contemporánea. Quizás en Argentina no son tan importantes, o no se le da tanta bola, acá hay mucha música de violas. Nosotros estamos muy copados con la música de teclados, beats electrónicos. Trabajamos la canción de una manera casi clásica, como una cancioncita de fogón, me surge a mí por cosas que me pasan, toco la guitarra, pero el lema siempre es nunca hacer la primera cosa que se nos viene en mente hacer, tratar de alterar ese instinto de meter guitarras, de agarrar una bata…

Del proceso creativo del disco, ¿cuál sería una canción que representaría eso exactamente?

En realidad, todas las canciones… pero a mí me gusta pensar que la obra central del disco es “Bien al Sur”, una canción larga en lo que podemos desarrollar varias de nuestras influencias, del formato canción más bucólico del principio del tema, quedó un laburo final bárbaro de los chicos, es una canción bastante emblemática de lo que es Full Chamba. Es una canción que trata de advertir sobre lo uniformes que pueden ser los días en la vida de una persona común en Buenos Aires, del subte al laburo, y después la canción se transforma y se pasa como a las 6 de la tarde, al descontrol, me parece emblemático en ese sentido. Son dos canciones juntas pero siempre fueron parte de la misma obra. Para mí es como emblemática de esto que te digo, realmente no sabíamos para donde iba a ir esta canción hasta que la escuchamos. El master nos llegó estando nosotros en Europa, porque Zapiola se quedó mezclando acá y la verdad que nadie sabía cómo iba a ser. Esto es un poco lo que quería decir sobre el proceso creativo, sobre la música que hacemos. Muchas veces el estudio es un instrumento más, tan vital como una guitarra o un teclado. En algún punto es como un gran misterio hasta el final de las canciones. Lo mismo pasó con Quiero, una canción acústica, una de las canciones donde participó Jime López Chaplin que aportó unas voces bellísimas al disco. Es emblemática también, era una canción bastante deforme, experimental, no le encontrábamos la vuelta, no sabíamos hasta último momento si iba a entrar o no, porque no la entendíamos. Finalmente un día le dije a Zapiola que por qué no probábamos desnudar la canción hasta agarrar de eso lo que le da vida a la canción, y ahí fue quedó una canción con una guitarra acústica y dos voces. Hasta último momento no sabíamos cómo iba a terminar. Es algo loco, distinto a cómo es una banda de rock, que entra al estudio ya sabiendo tocar las canciones.

Un proceso inverso. Le dan esa vuelta de tuerca, es un laburo más cerebral.

Claro. Por ahí tenemos que ensayar un track varias veces en la sala cuando nos juntamos para ver qué es lo que hicimos nosotros mismos. Muchas veces las guitarras que suenan no son las que grabé yo, si bien en los créditos adoptamos un criterio más tradicional, yo toco la guitarra, Claudio toca el bajo, y Pedro hace las baterías. La verdad es que algunos bajos los grabó Ale, o yo… Hay guitarras que grabó Claudio. Los beats en general los termina Zapiola. No nos preocupamos por cómo va a sonar el vivo de eso o cómo vamos a hacer para arreglárnosla.

Y a la hora de llevarlo al vivo, ¿cómo hacen?

A la hora del vivo nos da una ventaja haber sido nacidos y criados en el ámbito de la música de la sala de ensayo, es que tenemos el oficio de rockearlas las canciones. Si bien no somos rockeros en el sentido más clásico, no hay guitarras enojadas, o baterías acústicas fuertes, no hay estridencia. Me refiero a rockero en el sentido de que simplificamos todo eso y lo llevamos a la sencillez del groovear, de tratar de bailar con eso. El oficio de haber ensamblado tantos años, porque somos músicos que tocamos hace por lo menos 10 años o juntos o separados, y tenemos el oficio de cerrar los ojos y llevar las canciones. Y te digo que las canciones muchas veces me gustan más en vivo que en el estudio, por esto que te digo, por el baile que adoptan dentro de la sala.

Retomo un tema que hablamos antes, en que hablaste de la tradición rockera de la viola, de salir del estudio con todo cerrado… En Suav tienen una cintura impresionante, relacionada con la experiencia que tienen, para moverse por una variedad de géneros. Todas las canciones incitan al movimiento. ¿Qué rescatás de lo más “tradicional” del rock para Full Chamba? ¿Qué fue lo que a ustedes los movió para salir de lo que se hace siempre?

Muchas veces me han destacado que la música que hacemos, al menos desde lo compositivo, tiene un link muy claro con García, Spinetta, Páez y Calamaro, o Cerati, toda la tradición de cancioneros argentinos, que a mí me vuelven loco. Sigo escuchando sus discos como si hubiesen salido ayer, me encantan, los adoro. Al mismo tiempo hace muchos años que escuchamos, particularmente yo, hip hop. Casi no escucho otra cosa que no sea hip hop. Los derivados actuales de eso, los músicos de R&B que la rompen ahora y que proponen esto de tratar de groovear sobre una base electrónica, ahora cada vez más sumando más músicos. Discos como el de Kendrick Lamar, o un disco como el de Frank Ocean que es un disco bastante variado. Nosotros nos llevamos mucho con eso, con la ,música negra en general. Es una música por la que por ahí no hay tanta predilección en Buenos Aires o la hay pero no es tan popular, pero que empieza a llegar cada vez más. De repente escuchás a Sara Hebe o Miss Bolivia. El mainstream ya empieza a adoptar un poquito la cosa más hablada arriba de un beat, pero nosotros escuchamos hip hop hace millones de años y estamos muy muy influenciados por Charly García, que es el #1. De algún modo lo que siempre nos propusimos fue tratar de maridar a Charly García con Frank Ocean, hacer una especie de casamiento entre Charly y Frankie en el que nosotros fuésemos la banda de la fiesta. Esa es la ambivalencia que tiene la música de Full Chamba, nace como si fuera una canción de Spinetta o de Calamaro, por decir algo más sencillo, y termina vistiéndose de Outkast. Acá se siguen escuchando los Rolling Stones, y está bien que eso suceda, los adoramos a los Rolling Stones, pero acá hay un prejuicio con las cosas que son “para bailar”, nos perdimos un poco la lección de Virus o de los Abuelos que ahora lo están retomando, esta generación. De algún modo hay un clarísimo contacto con lo que hacía Virus, que es, che se pueden decir cosas re pesadas y ser liviano. Me parece que también hay que empezar a rendirle pleitesía a los grandes autores y compositores argentinos por los que nosotros muchas veces nos peleamos, nos fagocitamos como público. Al que triunfa lo miramos medio de reojo, medio raro. Y García es inmenso, yo escucho los discos de Charly y me parecen modernos a 30 años de haber salido. Eso está necesariamente en la música de la banda, pero también escucho mucho Outkast, a Miguel. Millones de cosas están pasando ahora que no están sonando en la calle pero a mí me vuelven loco. Estoy trabajando en un disquito de canciones lado B de Suav, que quedaron afuera, y estoy sampleando un montón. Acá todo llega 10 o 20 años tarde, pero por lo menos llega. Por ahí Suav no tiene tanto rap, no es tan hip hopero, pero en los ritmos, la textura, lo es bastante.

¿Les gustaría hacer eso más adelante en otro disco? ¿Meterse más en el hip hop, rap, R&B?

Estamos re cebados, con todo esto en la computadora. Pero este es tiempo de Suav, un disco con el que nos sigue sorprendiendo la repercusión que está teniendo y puede seguir teniendo. A mí me fascina que lo vayan escuchando, hay muchos videos por hacer y shows por tocar. En mi computadora tengo las maquetas del disco lado b en las que básicamente lo que hicimos fue rapear, de siete canciones cinco están hip hopeadas. Estamos tratando de encontrar nuestra voz, la del rioplatense que rapea. Nosotros también tenemos mucho tango, otra tradición. Tango candombe. No nacimos en el Bronx y no vamos a ser gangsters. Nos divierte hablar rítmicamente, arriba de ritmos. Lo vamos a hacer, sin dudas. En contra de lo que sería recomendable, porque no somos expertos, pero es lo que nos gusta hacer.