Entrevistas

Sigue el movimiento de los astros: Cuerpo y "Días Eléctricos"

Estamos sentados en el San Bernardo y Matías me está por hacer escuchar una canción que todavía no escuché. Es un viernes a principios de julio, y lo nuevo de Cuerpo, Días Eléctricos, todavía se está masterizando. Pero las dos canciones-adelanto que pude escuchar, “Ansiedad” y “Magnetizar”, fueron suficientes para que estemos acá, charlando y tomando una combinación un poco polémica de café con leche y cerveza. Del parlantito del celular (aprobado por Mati, un fanático del audio con quien hablamos antes de Pono, de la importancia de tener un buen equipo, aunque sea chiquito, para poder escuchar música en tu casa, y no depender de los parlantes paupérrimos de un celular o de los auriculares que vienen por default con los celulares, todos con una calidad un poco espantosa para poder disfrutar de la música) salen las primeras notas de “La Elasticidad del Cuerpo” - batería electrónica, un sinte que crece y crece.

No se escucha bien, porque se está haciendo tarde y el bar se llenó un poco de gente, pero lo primero que pienso es en la valentía de estos pibes para despojarse de una vestimenta a la que ya estaban acostumbrados y que les quedaba muy bien. O, dicho en criollo, en los huevos que se necesitan para animarse a hacer algo nuevo, algo disfrutable pero inesperado y que, como todas las cosas que caen con esas características, puede asustar a más de uno. Y bancárselo. Días Eléctricos será el primer disco de Cuerpo (editado recién, el pasado viernes 4 de agosto y disponible en el bandcamp de la banda) pero sus integrantes tienen un prontuario interesante en la escena indie porteña: forman parte de Mateo de la Luna en Compañía Terrestrial, pero este proyecto era tan diferente que tenían que ponerle otro nombre.

En frente mío está Matías (Lomanno) y al lado lo tengo a Mateo (Renzulli), que arrancó todo esto con un EP solista bajo el mote de Mateo de la Luna, evolucionó en una banda (en Compañía Terrestrial) y que ahora encabeza Cuerpo. Mientras hablábamos del nuevo disco de Coiffeur, Mateo nos cuenta sobre la importancia de hacer algo distinto en la música. Él está acostumbrado, pero es algo que nos falta. “A las bandas que escucho tambén les pido eso. Alt-J me gusta mucho, no me gustó el último disco, pero al menos hicieron algo distinto. Lo respeto: es una apuesta. Se animaron. Es interesante. Me aprece que la música es algo lúdico, uno tiene que explorar. Yo me aburriría si tengo que hacer siempre lo mismo. Hicimos un EP acústico, hicimos un disco de rock y ahora vamos a sacar un disco de rock más electrónico. Y ojalá que lo que se venga sea distinto. Bah, ya sé que va a ser distinto. Va a ser más electrónico todavía. Lo interesante, para mí, es que vaya todo el tiempo cambiando, mutando".

Las canciones de Días Eléctricos ciertamente están a una distancia considerable de La Energía, el disco que sacaron con MDLLECT en 2014. En ese entonces, canciones como “El Big Bang fue una explosión de amor” se apoyaban en delicados arreglos de cuerdas, mientras que ahora, “Ansiedad”, va directo a un sintetizador y una batería electrónica que hace que sea una canción que se puede apreciar tanto en un pensativo viaje en colectivo como bailando un viernes a la noche. El espíritu de las canciones es el mismo: algunas de ellas hasta fueron pensadas dentro del marco de MDLLECT, como “Magnetizar”. “Era un tema que hicimos con Mateo de la Luna, más como un bossa nova. Y de repente se convirtió en algo más bailable. Eso lo sentís con el cuerpo”, dice Mati, quien aportó su pasión y conocimientos de música electrónica. “El tema tenía una batería orgánica. Cuando se la sacamos nos dimos cuenta de que no tenía que tener batería, tenía que ser solo batería electrónica. Con ‘Ansiedad' nos pasó, un tiempo antes de sacarlo dijimos hay que subirle cinco bpm a la canción. Y cuando lo hicimos funcionaba mucho más, el beat era mucho más bailable. Es una diferencia mucho más chiquita, pero rítmicamente te cambia un montón”, agrega Mateo.

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La formación de MDLLECT se modificó hace más o menos un año y medio. Una de las figuras clave en incorporarse fue Pedro Chalén, quien además oficia de productor para este disco. En la mesa coincidimos todos, hasta yo que no lo conozco: estamos un poquito enamorados del talento de Pedro: "es un tipo muy talentoso. Es el baterista porque es lo que faltaba hacer en la banda, pero podría haber hecho cualquier cosa. Toca la guitarra mejor que yo. Por suerte no canta, sino estaríamos todos afuera”, se ríe Mateo. Mati (quien toca con Mateo hace unos siete años) agrega que además es fachero, educado y se viste bien. Y en el sentido estrictamente sonoro, aportó la expertise necesaria para manipular las canciones en Ableton y aportar la parte “electrónica” del rock electrónico que están haciendo ahora con Cuerpo.

Gente nueva, sonido diferente: el nombre no podía ser el mismo. Mateo ya estaba cansado del nombre de la banda y aprovechó para pasar la idea: "de verdad la música que estamos haciendo era muy distinta a lo que en realidad antes veníamos haciendo. Por lo menos nosotros sentimos, y esto es una vista muy subjetiva, que estábamos metidos en un lugar en el que no queriamos estar. Fue querer cambiar todo, empezar de cero, y que la gente escuche sin prejuicio la música. Hacer una banda nueva, lo que tiene sus cosas buenas”. El nuevo nombre se fue gestando al mismo tiempo que el disco, en sesiones de grabación de maquetas en el Estudio Madre, una especie de segundo hogar para la banda en el que fueron estructurando las canciones con un nivel de detalle casi obsesivo.

Una de las cosas que más alegra a la banda es cómo fue grabado el disco. Preproducción en Madre (Mateo también expresa su afecto por el lugar: "es muy lindo, es un barco que está anclado al lado de Pachá. No nos corren con horarios, podemos quedarnos todo el tiempo que querramos. Nos sirvió mucho para tener tiempo y armar toda la producción del disco ahí, sin nadie que nos apure”). Luego, eligieron específicamente dónde querían trabajar y grabar cada cosa. Para las baterías, volvieron a trabajar con Marcelo Belén, quien ya había sido Drum Doctor en La Energía, en DDR. Los sintetizadores los grabaron en La Siesta del Fauno con Ernesto Romeo, una leyenda de los sintetizadores locales quien además de cumplir el rol de SynthDoctor tocó con la banda. “Interpretó sintetizadores y otros los tocó, estaba contento con lo que hacíamos y para nosotros es un honor. Él grabó con todos. Y el lugar que tiene es un museo de sintetizadores, no lo podés creer”. Las voces fueron grabadas en Oid Mortales, uno de los primeros estudios de música electrónica de Argentina, cuenta Mati, que es una especie de enciclopedia de datos curiosos sobre la historia musical argentina -especialmente si involucran algún tipo de sintetizador-.

El hecho de elegir dónde grabar cada cosa hizo que el disco se demorase un poco más, pero la banda quedó muy feliz con el resultado. Y quedó más feliz con la mezcla, que los encontró de vuelta en Madre trabajando de forma completamente digital, sin nada analógico, algo que Mateo consideró una apuesta. “Hoy en día, estamos en un momento en el que lo digital todavia no alcanzó lo analógico pero está ahí, y el 99 por ciento de la gente no nota la diferencia. Hace ya varios años el futuro de la música está ahí, en lo que uno hace en su casa”. Lo que para él es una apuesta, para Matías es una responsabilidad, sea cual sea el resultado. "Antes, un pibe como yo quería hacer música y tenía que tener acceso, conocer gente, haber estudiado un montón de música para que le den bola. Ahora, yo me puedo sentar en la computadora y hacer un tema en un día. Grabarlo y que tenga una calidad respetable; es más, muy buena. Compositivamente, eso se verá, pero la calidad de las herramientas con las que se está laburando en tu casa es grande. Por eso lo veo como una responsabilidad. Activá, hacé. La única forma en la que no te van a comer de afuera es activando con lo tuyo, y teniendo estas herramientas que nos dan a los músicos es algo mágico, increíble”. 

"Quizás Mateo de la Luna se ató mucho a lo que tenía. Y está bien. Teníamos unas guitarras y teníamos una batería y tocábamos esa música. Y con el correr del tiempo Mati se fue enroscando con la música electrónica, Pedro también es un tipo que está muy cerca de la musica electrónica, desde la producción, usando Ableton. Usar estas herramientas nos abrió la puerta de poder hacer música electrónica”, reflexiona Mateo. La banda anterior va a seguir existiendo, porque las canciones tambien están. Los dos están grabando un disco, porque, según Matías, “Mateo de la Luna se va a ocupar de otras cosas”, y de la combinación de sus energías puede salir, como ya lo hizo en el pasado, cosas muy interesantes. Se ven como personas diferentes pero con un historial que los acerca, con cosas en común demasiado fuertes como para separarlos. Mateo no disfruta de tocar en vivo, es un bicho de estudio, mientras que Mati, aún con su afición a la música electrónica, se vuelve loco con el vivo.

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Mientras hablamos no tengo la oportunida de escuchar el disco completo, pero hablamos de las canciones que sí tengo en la cabeza. “Ansiedad”, el single principal, es un ejercicio poético en el que Mateo se habla a sí mismo en un momento de crisis, rodeado de sintetizadores. Tiene algo de mágico, todos coincidimos, el sonido de “Ansiedad”. “Es una canción que se dio de una manera muy particular. En general, las canciones llevan un tiempo. Quizás yo hago la canción básica, se la llevo a los chicos, con los chicos la armamos, la grabamos, la pasamos a estudio. Con ‘Ansiedad' yo llevé una canción y en tres horas sonaba, grabamos todo y la canción estaba buenísimo. Fue un proceso muy vertiginoso, muy rápido, de verdad 'pasó algo' cuando grabamos esa canción".

Ansiedad, vértigo, son algunos de los temas que aparecen en Días Eléctricos. La canción que le da nombre al disco está protagonizada por unos sintetizadores viajeros que se van cruzando y ondulando. Es una canción para “mover la patita” pero al mismo tiempo provoca un sentir ominoso, un cierto drama, digno de aparecer en un álbum de electrónica nórdica. “El lado terrestrial” es un poco más tradicional, pero sirve ahora para introducir una temática que atraviesa todo el disco, una especie de crisis astral en una canción que apenas supera el minuto de duración. “Y el tiempo pasará, los movimientos de los astros se repetirán”, cierra el tema. La canción encargada de cerrar el disco, “El Retorno de Saturno”, es instrumental pero funciona también como el ¿cierre? de una crisis. "El retorno de Saturno es un momento astrológico. Es personal, cuando Saturno vuelve a la posición en que estaba cuando naciste. Se supone que es a los 28. Me agarró en un momento bastante especial, de crisis interna. Mucha ansiedad, yo ya me siento viejo.  Es un momento de crisis en el que yo me hablo a mí mismo, no hay una segunda persona. Aun siendo conciente, racionalmente, de lo que te está pasando, emocionalmente igual es muy difícil de revertir”. Así son las canciones de Días Eléctricos, una combinación de emociones permeadas por el sentimiento de transición.

"Hay de todo. Hay canciones de amor. 'Lo más campante pt. II' es una canción que no sé ni cómo la escribí. A veces me pasa eso, escribo y después hago una interpretación de lo que yo escribí, mi interpretación. Es una cosa muy rara, muy perturbadora, como una especie de femicidio, algo feo. Pero está ahí. Salió. Es un disco bastante oscuro, en realidad, si escuchás las letras de las canciones te das cuenta de eso. Le pusimos una onda tan bailable para que no sea tan así. Pero me gusta porque es un disco que creo que logra una cierta intensidad, el peso que necesita por momentos y por otros una liviandad que le da un poco de aire".

“Grabar La Energía fue hacer lo que podíamos hacer. Este disco fue más bien hacer lo que queríamos hacer”, dice Mateo sobre el cambio. Matías, mientras tanto, se desborda de la emoción: "el sonido que tiene es el que yo esperaba del disco. Estoy muy feliz, orgulloso. Lo escucho y me conmueve de vuelta. Siento que lo escuché mil veces pero me sigue pasando”. 

Me voy caminando por Acevedo escuchando en repeat lo que actualmente es mi canción favorita del disco, “Magnetizar”. “Quiero magnetizar, hacerte bipolar, y que tus lados choquen entre sí como dos palmas, cuando el telón ya se bajó; y yo estaría acá, tu lado se me pegaría y tu otro lado me odiaría, como el sol a la tormenta, que en verdad sos vos”, canta Mateo, acompañado de una batería electrónica y su voz filtrada, de otro mundo, robótica. Y pienso en cuerpos que se doblan, que luchan, que se transforman, y eso que nos afecta desde el espacio exterior y el interior. Ante un disco como éste, supongo, lo hayas hecho o simplemente te toque escucharlo, no queda otra que conmoverse.

Cuerpo se presentará el martes 8 de agosto en el lanzamiento de IndieFuertes en Niceto Club. La presentación oficial del disco es el 26 de agosto en La Tangente (Honduras 5329) con Tito de invitado. Las entradas están a la venta en TicketHoy.

Fotos por Flor Petra.