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Foals en Groove: la espera dio sus frutos

Groove estaba hasta las manos, los cuarenta y cinco minutos entre banda y banda se hicieron eternos, más eternos que los 365 días que tuvieron que esperar el 90% de las personas que tenían su entrada para el 10 de octubre del año pasado. ¿Qué habrá pasado en las vidas de aquellos que esperaron con ansias esta fecha? Para algunos solo fueron varios cortes de pelo, un verano, otra final perdida de la selección y vasos de cerveza vacíos. Para otros, la ansiedad y la expectativa por ver a Foals en vivo pudo con ellos, bombardeando el evento oficial cada vez que surgía una publicación en él.

En fin, la postergación dio sus frutos, los muchachos de Oxford se despacharon con un set de alto voltaje, de casi dos horas en la que tocaron los puntos fuertes de sus cuatro discos. Una lista conformada por diecisiete canciones, cuatro más que en cualquier fecha que realizaron por el resto del mundo. Sudamérica fue especial, y mucho más Argentina. El público no paró un segundo, enérgico e intenso, coreó cada verso y acorde que los Foals desprendían desde arriba del escenario.

Pasados unos minutos de las nueve, Jimmy Smith aparecía en escena para desatar el rugido de los asistentes. Los acordes de “Prelude” comenzaron a sonar mientras asomaban los demás miembros de la banda, y sobre el final, el líder Yannis se unía a la canción para dar el punta pie inicial de lo que sería una noche épica.

Entre un “Qué onda guachos!” y unas disculpas por la larga espera, se impuso una de las nuevas, vertiginosa y agresiva, “Snake Oil” marcó el ritmo y calentó los cuerpos que de a poco se iban familiarizando el uno con el otro. Dentro del sprint inicial, aparecieron “My Number” con ese riff bailable característico, “Olympic Airways” y “Hummer” recordando sus viejas épocas en las que destellaban math rock.

El primer descanso para el público llegó con “Blue Blood” y “Give it All”, una del álbum Total Life Forever y la otra de su último trabajo What Went Down, de esta manera pusieron paños fríos a la intensidad que sobrevolaba el escenario. La concurrencia estaba entregada a cada nota que desprendía el guitarrista, tan así que la locura volvió a estallar cuando los acordes del hit “Mountain at My Gates” salieron de la guitarra de Jimmy. Con un Yannis encendido, manejando los tiempos, desafiando al público y demostrando que su voz está en perfecto estado, llegaron “Providence”, “Spanish Sahara” y “Red Socks Pugie” que funcionaron como una montaña rusa de emociones, desde la violencia extrema del track de Holy Fire, pasando por el famoso tema de su segundo disco y llegando al glorioso “What the hell” de Antidotes.

La madurez sonora de Foals se hacía notar, sonaban diez puntos, el carisma del líder estaba por las nubes y hacían convivir los sonidos de sus inicios con los de su último álbum. “Late Night” le daría un respiro a la noche que luego se uniría perfectamente con la sombría y melancólica “A Knife In The Ocean”, en la cual Yannis demostró toda la fuerza e intensidad que puede alcanzar con sus cuerdas vocales.

Antes del encore y del famoso “e e e”, llegó “Inhaler”, una canción que se transformó en un himno más y que desató nuevamente la locura y el fervor en Groove. El público, enterito a pesar de entrar en la hora y cuarto de show, desplegó toda su energía en las rondas, pogos y mosh que se fueron armando.

Después de palmas y aclamaciones, los chicos ya no tan chicos de Oxford regresaron al escenario para prenderlo fuego con la canción que da nombre al cuarto disco, “What Went Down”. Yannis terminó coreando las últimas frases sobre la muchedumbre que lo abrazaba y le pedía más, y él les iba a dar más. Ya en la recta final, sonaron dos clásicos: el enérgico y pegadizo “Cassius” para despertar la nostalgia de las buenas épocas y luego “Two Steps, Twice”, que terminó con Philippakis tirándose desde el balcón de Groove para darle el cierre final a una noche épica e inolvidable.

No cabe duda que tanta espera dio sus frutos. Foals brindó un show que superó toda expectativa alguna, desató un incendio que solo ellos pudieron contenerlo. Los fans se fueron chochos de la vida, al ver que la banda se entregó al ciento por ciento y los que tenían una mirada especial para con los ingleses, se retiraron convencidos de que estos tipos demostraron que están a la altura de las circunstancias. 

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